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  • Javier Peralta Ramos

Machupicchu...en llamas!


Estando como testigo privilegiado con dos amigos en la ciudad sagrada, en el mes de septiembre del 97, vi como el fuego llegaba hasta los templos, y sitios de la ciudadela, y los responsables no estaban preparados para enfrentar esta contingencia de enorme gravedad. Conozco sobre incendios, pues vivo en una zona propensa a ellos, he combatido el fuego, y asistido a bomberos brigadistas en varias ocasiones. Digo esto porque me indignó ver, que pese a cobrar una suma importante por cada entrada vendida a millares de turistas de todo el mundo, nada habían invertido en prever un incendio. Luchaban en contra de las llamas con chicotes (una lonja de goma, con mango de madera), botellas con agua y algunas mochilas!. Imaginen las llamas quemando la selva!. Luego de actuar en la medida de mis posibilidades, para dar a conocer a través de los medios semejante locura, y después que una lluvia providencial apagara el fuego, cuando ya estaba a las puertas del pueblo de Aguas Calientes (que está debajo de la ciudadela)...se apagó!. Días más tarde, inspirado escribí esto:

Machupicchu es para muchos un conjunto de ruinas de un pasado glorioso, pero yo creo en lo que dijo Carlos, el chamán... "Ruinas son las que tenemos hoy en nuestra civilización". Y yo agrego: ruina es perder el verdadero sentido de la vida, es vaciarla hasta dejarla solamente en su expresión material.

Ruina es la vida del hombre que se olvida de sus tradiciones, que le da la espalda a su cultura, que se avergüenza de su piel oscura, que no valora el conocimiento profundo que hay en su tierra, el mismo que el gringo -al que quiere imitar- viene ávido de encontrar! Ruina es estar profundamente dormido sin saber que la Vida es sueño, y no poder ver más allá de su nariz. Ruina es haber perdido el respeto y la veneración por un lugar sagrado, y comerciar descaradamente sin conciencia. Ruina es seguir aferrado al rencor con los españoles… y profanar de igual modo: "la misma chola con distinto vestido!"

Ruina es ignorar con absoluta responsabilidad a los ancestros que atónitos nos miran.

Ruina es el hombre que no se hace responsable de lo que él mismo ocasiona, por su ambición desmedida. Sacando la miel de las entrañas de la tierra sin devolver nada a cambio, sin siquiera cuidar como es debido lo que se pregona como patrimonio cultural de la humanidad. Un patrimonio por el que no vale invertir en prepararse para un previsible incendio!

Ruina es mirar sin poder ver que el santuario de Machupicchu está vivo y entero, como ayer, hoy y mañana. Los Apus están allí, los sacerdotes, las sacerdotisas, los antepasados...cada piedra lo está gritando, su geografía lo está mostrando.

Ruina es finalmente, el negarse a saber que Machupicchu es un bastión sagrado que se levanta en medio de tanta locura cotidiana, para señalar lo único que vale la pena: la espiritualidad, y el ideal de aquellos señores del Sol, sabios y orgullosos que lo levantaron piedra a piedra, y que esperan pacientemente su renovada hora!

Javier Peralta Ramos



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